Lo que nadie sabe es que me desangro en cada historia No es
mi puño el que escribe, es mi alma. Con cada línea me voy haciendo mas pequeña
y mi realidad desaparece.
Tenía que certificar la realidad que sospechaba. Afilé la
punta de mi pluma hasta hacerla tan delgada como una aguja y me corté las
venas. Y no me sorprendió que no sangrara mi brazo.